“Los
talleres son puertas que abren diferentes intereses”
Hablamos con Laura Bergotto, coordinadora
del área de Desarrollo de Fondos en la ONG Proyectarg, que contiene a
habitantes de villas de Capital Federal
Es jueves por la tarde, Laura Bergotto,
corre de un lado a otro como todos los días, siempre con mucho trabajo dentro
del área que coordina, en la ONG Proyectarg que se encarga de dar capacitación
a niños, jóvenes y adultos de bajos recursos de manera gratuita.
Vestida con un pantalón negro y un saco, se
hace tiempo para recibirnos y contarnos
sobre la labor que realiza dentro de la asociación que es financiada por
empresas y organizaciones públicas
¿Qué
es Proyectarg y cuál es su labor dentro de la sociedad?
Proyectarg es una organización sin fines de
lucro que inicio en el año 1982 como un proceso de transformación social,
tomando como eje de acción a la educación. Nosotros como asociación lo que
buscamos es crear espacios y condiciones que promuevan la educación y el
desarrollo integral de poblaciones desfavorecidas de nuestro país a partir del
trabajo en red, sea mediante proyectos o talleres para personas carenciadas.
A lo que apuntamos es a lograr igualdad de
oportunidades para la transformación social a través de un modelo educativo
basado en los derechos humanos y los principios democráticos.
¿En
qué consisten estos proyectos?
Los proyectos consisten en talleres para
adolescentes, jóvenes y adultos de bajos recursos, con lo cual pretendemos
darle de alguna manera alguna salida laboral con los mismos. Cada taller cuenta
con una duración de cuatro meses, menos los protalleres que duran alrededor de
ocho meses.
Nosotros buscamos los talleristas, los
recursos, los operadores sociales y el gobierno social pone los chicos. Por
ejemplo este año logramos conseguir el financiamiento por Mecenazgo, por el
programa Fortalecimiento de las organizaciones sociales civiles, Telefónica, Itaú,
IRSA, La embajada de Mónaco entre otras un financiamiento en total de 22
proyectos que en lo largo del año se irán llevando a cabo.
El cupo por cada taller es de 25 chicos
máximo; las inscripciones las hace el gobierno de la ciudad, nosotros no intervenimos
en nada, hacemos la difusión por nuestra cuenta porque nos interesa que
conozcan los talleres.
¿Qué
crees que podría cambiar o que no a funcionado con la metodología que están
usando?
Cada proyecto es particular, lo que se hace
es un diagnóstico de la población, de las necesidades, de la institución. Si
algo falló tiene que ver con la población que cambió, a veces, damos talleres
en hogares, los chicos van rotando, o también tiene que ver de repente con que
un diagnóstico iba con tal temática y después no era esa temática. Por ejemplo
en su momento teníamos un presupuesto, hasta que pasaron dos años y conseguimos
el financiamiento de ese proyecto entonces se tiene que achicar el proyecto en
cantidad de encuentros, o no comprar una notebook y comprar otra cosa, esas son
fallas que se van dando, a veces se pueden prever, a veces no, y eso
obstaculiza el proyecto.
Y
para terminar ¿Has visto algún cambio de gran escala en la educación de los
chicos?
Todos los años me sorprende lo que generan
los talleres, los veo como puertas que abren diferentes intereses, por ejemplos
en Lugano, chicos que no estaban acostumbrados a trabajar con materiales de
pinturas, de plástica de calidad, con pinceles y demás, les encantó y que
quieren seguir estudiando.
También las chicas de maquillaje que
quieren hacer un micro emprendimiento, esto promueve el desarrollo de sus
capacidades, despierta en ellos como otros intereses que quizás no tienen quien
los motive y de repente darse cuenta que hace cosas increíbles y después te están
demandando más y eso es gratificante.
Por Milagros Carolina Rosales Cordova
Por Milagros Carolina Rosales Cordova
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