miércoles, 27 de mayo de 2015

Seminario de Periodismo Político

Docente: Mario Wainfeld  

Introducción: El relato de la política en la era de “los relatos”: cómo contar la política del palacio y de la calle siguiendo una agenda propia. Estrategias y lenguajes para narrar la política en la nota diaria, en un post y un análisis de fondo. Si en el periodismo las fuentes son vitales, en el periodismo político las fuentes son todo: cómo ganar su confianza. A partir del análisis del periodismo político contemporáneo (del retorno de la democracia al kirchnerismo) durante dos meses se pondrán en discusión el estado actual de la cobertura de temas políticos en los medios de comunicación y se buscará que los participantes incorporen herramientas para mejorar la lectura de la coyuntura político y su posterior escritura.

Duración: 8 clases de dos horas. Martes de 19 a 21 hs. Comienza el martes 16 de junio.  

Destinatarios: El taller está dirigido a periodistas y estudiantes de periodismo pero también a profesionales y estudiantes de ciencias sociales y aquellos interesados en analizar a fondo el trabajo de un periodista político.

Inscripción e informes: 
Mail: talleresanfibia@gmail.com 
Tel: (011) 4342-4493


PROGRAMA

PRIMER ENCUENTRO: INTRODUCCIÓN

Ejes temáticos:

-          Presentación. Recorrido profesional: de la abogacía y la escritura militante al periodismo.
-          Para qué sirve (si sirve) haber “hecho política” o “saber de política”
-          Distintos gobiernos, distintos modos de relación con medios y periodismo: alfonsinismo, menemismo, la Alianza, la crisis, el kirchnerismo.
-          Las mudanzas del periodismo político. Diarios, blogs, twitter. Televisión: la política en el living de casa.

SEGUNDO ENCUENTRO: EL PALACIO (La Rosada, el Congreso, Tribunales)

Ejes temáticos:
-          Construir fuentes
-          La fuente confiable y el periodista confiable
-          El off the récord en los manuales de estilo y en el uso cotidiano. El “off-off”
-          Los voceros
-          Las intrigas palaciegas
-          -Operaciones, conspiraciones, usos mutuos. Cómo procurar confiabilidad de la información.

TERCER ENCUENTRO: LA CALLE

Ejes temáticos:

La calle también existe: desafío al periodismo de Palacio
-          Las fuentes de la militancia y organizaciones sociales
-          Territorios en disputa: cobertura de conflictividad social
-          Cómo contar las marchas y movilizaciones. La crónica. Ver para contar
-          El periodismo cívico (relación entre las redes sociales y los medios)

CUARTO ENCUENTRO: LA NOTA DIARIA, EL POST Y EL ANÁLISIS

Ejes temáticos:
-          Del periodismo cotidiano al análisis dominical
-          El lenguaje de la política: la nota diaria, el post y el análisis
-          Agendas propias, agendas hegemónicas -Periodismo de anticipación y periodismo contrafáctico.

QUINTO ENCUENTRO: CRISIS DE LOS PARTIDOS, la “antipolítica”

Ejes temáticos:
-          “Son todos chorros”: escribir de política en la era de la antipolítica
-          “La gente”, “el pueblo” y la opinión pública
-          Los protagonistas son “ellos”. Cómo intentar describir sin despreciar ni subordinarse.

SEXTO ENCUENTRO: CAMPAÑAS Y ELECCIONES

Ejes temáticos:
-          Cobertura de campañas.
-          Las encuestas, un mal necesario. Los consultores, estrellas mediáticas. Las bocas de urna, todo un detalle.
-          Quiénes ganan y quiénes pierden los domingos electorales.

SÉPTIMO ENCUENTRO: LUGARES COMUNES

Ejes temáticos:
-          Cómo huir de los clichés y las simplificaciones. Estudiar, aprender, no simplificar. Las fuentes secundarias, la Academia, lo que saben los protagonistas  

OCTAVO ENCUENTRO:

Conclusiones


lunes, 18 de mayo de 2015

El origen de algunas palabras de nuestro léxico popular

por Roberto Arlt

Ensalzaré con esmero al benemérito "fiacún"

Yo, cronista meditabundo y aburrido, dedicaré todas mis energías a hacer el elogio del "fiacún", a establecer el origen de la "fiaca", y a dejar determinados de modo matemático y preciso los alcances del término. Los futuros académicos argentinos me lo agradecerán, y yo habré tenido el placer de haberme muerto sabiendo que trescientos setenta y un años después me levantarán una estatua.



 No hay porteño, desde la Boca a Núñez, y desde Núñez a Corrales, que no haya dicho alguna vez:
 -¡Hoy estoy con "fiaca".



De ello deducirán seguramente mis asiduos y entusiastas lectores que la "fiaca" expresa la intención de "tirarse a muerto", pero ello es un grave error.

Confundir la "fiaca" con el acto de tirarse a muerto es lo mismo que confundir un asno con una cebra o un burro con un caballo.

Exactamente lo mismo.



Y sin embargo a primera vista parece que no. Pero es así. Sí, señores, es así. Y lo probaré amplia y rotundamente, de tal modo que no quedará duda alguna respecto a mis profundos conocimientos de filología lunfarda.



 Y no quedarán, porque esta palabra es auténticamente genovesa, es decir, una expresión corriente en el dialecto de la ciudad que tanto detestó el señor Dante Alighieri.



 La "fiaca" en el dialecto genovés expresa esto: "Desgarro físico originado por la falta de alimentación momentánea". Deseo de no hacer nada. Languidez. Sopor. Ganas de acostarse en una hamaca paraguaya durante un siglo. Deseos de dormir como los durmientes de Efeso durante ciento y pico de años.



 Sí, todas estas tentaciones son las que expresa la palabra mencionada. Y algunas más.

Comunicábame un distinguido erudito en estas materias, que los genoveses de la Boca cuando observaban que un párvulo bostezaba, decían: "Tiene la "fiaca" encima, tiene". Y de inmediato le recomendaban que comiera, que se alimentara.


 En la actualidad el gremio de almaceneros está compuesto en su mayoría por comerciantes ibéricos, pero hace quince y veinte años, la profesión del almacenero en Corrales, la Boca, Barracas, era desempeñada por italianos y casi todos ellos oriundos de Génova. En los mercados se observaba el mismo fenómeno. Todos los puesteros, carniceros, verduleros y otros mercaderes provenían de la "bella Italia" y sus dependientes eran muchachos argentinos, pero hijos de italianos. Y el término trascendió. Cruzó la tierra nativa, es decir, la Boca, y fue desparramándose con los repartos por todos los barrios. Lo mismo sucedió con la palabra "manyar" que es la derivación de la perfectamente italiana "mangiar la follia", o sea "darse cuenta".



 Curioso es el fenómeno, pero auténtico. Tan auténtico que más tarde prosperó este otro término que vale un Perú, y es el siguiente: "Hacer el rostro".

 ¿A qué no se imaginan ustedes lo que quiere decir "hacer el rostro"? Pues hacer el rostro, en genovés, expresa preparar la salsa con que se condimentarán los tallarines. Nuestros ladrones la han adoptado, y la aplican cuando después de cometer un robo hablan de algo que quedó afuera de la venta por sus condiciones inmejorables. Eso, lo que no pueden vender o utilizar momentáneamente, se llama el "rostro", es decir, la salsa, que equivale a manifestar: lo mejor para después, para cuando haya pasado el peligro.
 Volvamos con esmero al benemérito "fiacún".


Establecido el valor del término, pasaremos a estudiar el sujeto a quien se aplica. Ustedes recordarán haber visto, y sobre todo cuando eran muchachos, a esos robustos ganapanes de quince años, de dos metros de altura, cara colorada como una manzana reineta, pantalones que dejaban descubierta una media tricolor, y medio zonzos y brutos.



Esos muchachos era los que en todo juego intervenían para amargar la fiesta, hasta que un "chico", algún pibe bravo, los sopapeaba de lo lindo eliminándolos de la función. Bueno, estos grandotes que no hacían nada, que siempre cruzaban la calle mordiendo un pan y con gesto huído, estos "largos" que se pasaban la mañana sentados en una esquina o en el umbral del despacho de bebidas de un almacén, fueron los primitivos "fiacunes". A ellos se aplicó con singular acierto el término.



 Pero la fuerza de la costumbre lo hizo correr, y en pocos años el "fiacún" dejó de ser el muchacho grandote que termina por trabajar de carrero, para entrar como calificativo de la situación de todo individuo que se siente con pereza.



 Y, hoy, el "fiacún" es el hombre que momentáneamente no tiene ganas de trabajar. La palabra no encuadra una actitud definitiva como la de "squenún", sino que tiene una proyección transitoria, y relacionada con este otro acto. En toda oficina pública y privada, donde hay gente respetuosa de nuestro idioma y un empleado ve que su compañero bosteza, inmediatamente le pregunta:

-¿Estás con "fiaca"?


Aclaración. No debe confundirse este término con el de "tirarse a muerto", pues tirarse a muerto supone premeditación de no hacer algo, mientras que la "fiaca" excluye toda premeditación, elemento constituyente de la alevosía según los juristas. De modo que el "fiacún" al negarse a trabajar no obra con premeditación, sino instintivamente, lo cual lo hace digno de todo respeto.


Roberto Arlt, de "Aguafuertes porteñas", Edit. Victoria, Buenos Aires,  1933.