La noche que duró once días
El estallido del Buque Petrolero Perito Moreno , marcó un antes y un después en la vida de los habitantes de Dock Sud. Desde aquella madrugada todo cambió para siempre, aún cuando la línea entre la vida y la muerte en el Polo Petroquímico depende de un chispazo.
Las llamas iluminan la ciudad. Desde la Avenida Mitre en
Avellaneda puede verse a lo lejos, lo que desde cerca no se visualiza. El fuego
alcanza los 200 metros de altura pero los bomberos, la Prefectura y la
población de Dock Sud, cerca del Polo Petroquímico no toma conciencia de lo que
está ocurriendo a pocos metros de allí, más precisamente en el Polo
Petroquímico. El Polo alberga a más de 45 empresas, la mayoría de ellas de alto
riesgo, entre las que relucen Shell e YPF. Antes del 2008 doce de éstas,
tratantes de productos químicos, deben mudarse ya que no se renovarán sus
habilitaciones. Tagsa, Indupa, Down Chemical, que acumula tóxicos sin
clasificación y Petro Río que nunca contó con habilitación municipal, son
algunas de ellas.
El Docke, como lo llaman sus vecinos, es raro. Parece otra
ciudad dentro de una ciudad. Inmigrantes, hijos de inmigrantes, gentes del
interior y autóctonos conviven en un crisol de razas que nació en los años del
progreso industrial y se fue esparciendo a lo largo y ancho de la localidad,
limitando con Isla Maciel, Avellaneda centro y el riachuelo.
La comunidad Caboverdiana convive con la yugoslava, la
Gallega, la Ucraniana. Se nota en los rasgos, en la mirada, en los cabellos y
en las charlas de bares que rodean el barrio. Las torres a la espalda del
Estadio de Sportivo Dock Sud dan cuenta de un barrio crecido a las veras de la
Usina eléctrica de la Italo Argentina, posteriormente Segba, finalmente Edesur,
signos de una modernidad que se resiste a instalarse entre las casillas de
chapa y conventillos que aún perduran en el lugar.
La noche en Dock Sud es particular. La gente deambula por
las calles hasta altas horas de la madrugada y los comercios, en su mayoría
almacenes y kioscos poli rubro están las 24 horas disponibles ya que son
negocios familiares y se turnan para realizar horarios rotativos.
Historia de Vida 1
“Esa noche yo estaba atendiendo una vecina que vino a
comprar fiambre" relata Juan , vecino del partido y testigo presencial del
incendio y agrega: "La explosión me rompió los vidrios del local y tembló
todo de golpe, nos asustamos.
En principio pensé que era una casa con garrafa, quedamos
sordos, luego me enteré lo del barco de YPF y salí corriendo a ver lo que
pasaba en el Polo". Esa fue la noche más larga de su vida asegura Juan y
sostiene que fue ese mismo momento y tras ver la desesperación y miedos en la
gente que marcó un antes y después en su vida. Hijo de inmigrantes españoles,
decidió mudarse al mes siguiente tras haber vivido allí más de 37 años.
Juan Jugovik hoy tiene 53 años. Morocho de ojos claros
admite que su padre trabajaba en la caldera de Segba por esos años y que había
conocido a su madre en los bailes de Finisterre, la comunidad Gallega que tiene
sede en Dock Sud. Por momentos añora aquella vida en el Docke, piensa,
reflexiona, sonríe y vuelve a arrancar. Suspira, " la decisión fue un poco
por el miedo a que aquello volviera a ocurrir y otro tanto porque pensé que ya
el "Docke" no sería jamás igual que esa noche"
El Barco, propiedad de YPF descargaba combustible en la
dársena de acceso del Polo, eran pasadas las doce de la noche y el frio de
junio calaba sobre los huesos de los operarios, de los trabajadores que
regresaban a sus hogares y de los mendigos que deambulaban por la zona. Las
vacaciones de invierno corrían por entonces.
Durante once días ininterrumpidos, los bomberos de
Prefectura trabajaron combatiendo las llamas que alcanzaban los 200 metros de
alto y que prácticamente partió al buque en dos.
Cabe destacar la gran labor de los bomberos cuyo objetivo
principal, además de extinguir las llamas, fue evitar que el fuego alcanzara
los depósitos cercanos al buque, que hubiesen originado una catástrofe mucho mayor.
Mientras tanto, se dada a conocer la cantidad de víctimas, que ascendía tres
muertos y seis desaparecidos. Con el buque en llamas, los cuatro tripulantes lograron
arrojarse y nadar hasta la orilla para salvar sus vidas. El acceso de las ambulancias al lugar era dificultoso, porque el fuego había elevado la temperatura hasta centenares de metros alrededor de la embarcación. Un día después del estallido, un grupo de bomberos logró abordar el barco para atacar frontalmente el foco del incendio: las explosiones se sucedían en el interior del casco
Poco después, el fuego se incrementó súbitamente en el sector de popa y obligó al personal de bomberos a retirarse del buque y comenzar nuevamente la lucha por evitar que se propaguen las llamas. Mientras tanto, se dio a conocer el saldo provisorio de víctimas, tres muertos y seis desaparecidos.
El barco ardía en su parte media, lo que obligó a intensificar las tareas para evitar la explosión del tanque número seis, aún cargado con 3.000 metros cúbicos de petróleo crudo. Finalmente y luego de varias jornadas más de intensa batalla, las llamas fueron extinguidas totalmente. Descargado de http://www.prefecturanaval.gov.ar/
Historia de vida 2
"Estuve varios meses desembarcado hasta que se dio la
orden de volver a embarcar corría el año 1984 febrero o marzo más o menos
navegue unos meses cuando decidí bajar de licencia, pero como tenía poco tiempo
acumulado de licencia no me lo permitían, la única forma era pedir la baja,
como pensaba ingresar a la facultad de medicina, lo hice, corría el mes de
junio esta en puerto piojo, me desembarque, horas después me entere del brutal
siniestro donde lamentablemente, camaradas y amigos fallecieron y uno con su
hijo que fue a conocer el buque, mi compañero Torres se salvo bajando por los
cabos de amarre y al agua". Fuente: Relato a mi persona de Miguel Angel
Ceriotti (tripulante del buque).
El siniestro fue atacado directamente por Bomberos de
Prefectura al que se sumaron las dotaciones de Barracas, La Boca, Avellaneda,
Wilde, Lanús, Echenagucía y Policía Federal. Dock Sud no tenía cuartel propio y
el incendio del buque fue la piedra fundacional. Al año siguiente, en 1985 los
Bomberos Voluntarios de Dock Sud inauguraron su cuartel de la calle Quiroga
entre Alem y Huergo donde funciona hasta el día de hoy y en el que se preparan
para su trigesimo aniversario en 2015.
Historia de vida 3
Antes de ascender a comandante, Lucía Segovia peleó durante
muchos años en la primera línea de fuego, apenas protegida por un frágil
casquito sin visera, de esos que usaban los bomberos hace veinticinco años.
El mismo casco sin pretensiones que llevaba aquella noche de
1984 cuando explotó el buque tanque Perito Moreno en la dársena del Dock Sud,
"El Docke", como llaman sus habitantes a esa localidad, sembrada de
destilerías y casitas de chapa, en la que esta bombera jefa nació y creció.
El fantasma latente en aquella catástrofe histórica que duró
once días era el de una explosión a gran escala por la cercanía de las llamas
con los depósitos de combustible de la zona. El cuerpo de bomberos tomó
entonces una decisión de alto impacto: meterse adentro del buque partido para
atacar el fuego de frente. Una movida jugadísima que, con llamas de más de 20
metros, le hacía galopar el corazón a esta joven bombera que, por aquel
entonces, tenía 27 años. Pensó que jamás saldrían con vida de aquel infierno.
Pero sucedió todo lo contrario. No solamente salió con vida, sino que gracias a
aquella hazaña de los bomberos se evitó una tragedia mayor en la dársena, el
destacamento se convirtió en cuartel y, un año más tarde, logró independizarse
de los bomberos voluntarios de Avellaneda.
Un cuartel del que hoy es jefa de jefes, es decir,
comandante. Esto significa que Lucía Segovia es la bombera voluntaria de mayor
rango en la Argentina. Además dirige la Escuela infantil de cadetes: los
bomberitos.
Entró al destacamento con apenas 17 años, y hace 35 que su
vida familiar se rige al ritmo de la sirena. De noche y de día.
Y no es metáfora: infinitas veces, en todos estos años, se
levantó de madrugada junto con su marido, también bombero, para subirse a la
autobomba, con destino incierto, pero jamás tranquilo: socorrer a una embaraza,
hacerle respiración boca a boca a una anciana en pleno infarto, rescatar a
gente atrapada en un ascensor, salvar a niños amenazados por el humo; entrar en
el interior de una casa muda, habitada por una familia que no sale desde hace
días; salvar a suicidas potenciales o reales.
En una palabra: hace treinta y cinco años que vive caminando
en los extremos.
"Y, yo supongo que alguna vez debí haber ido a un
psicólogo, pero nunca lo hice." En realidad, una vez sí lo hizo. O, más
precisamente, una psicóloga tuvo que ir hasta el cuartel para "charlarles
a los muchachos", como ella misma cuenta. Fue la semana que siguió a un
rescate fallido. En aquellos días grises, la moral había descendido al décimo
subsuelo en el cuartel de bomberos.
La explosión del buque tanque “Perito Moreno” fue uno de los
hechos más recordados por los vecinos de Avellaneda, especialmente por aquellos
que residían en Dock Sud.
La noche del 28 de junio de 1984, la embarcación estalló
mientras descargaba combustible en el Polo Petroquímico. Los caminos exhiben
enormes pozos de 5 metros de diámetro por donde circulan bamboleantes camiones
de combustibles, gas comprimido, tóxicos, etc.… Un segundo bastaría para que
Avellaneda, Barracas y La Boca queden destrozadas, aún recordamos los daños
provocados por la explosión del Perito Moreno, un barco de combustible que se
hallaba en el canal Dock Sud.
Estas empresas son responsables de la emisión de metales
pesados como plomo y cromo y de la liberación de cantidad de gases tóxicos como
tolueno, benceno y xileno que en libre y desinteresada combinación convierten a
los 40.000 habitantes de Dock Sud, los 328.980 de las proximidades de Sarandí,
Avellaneda y los 183.022 de La Boca y Barracas en conejillos de india…
Los habitantes de Villa Inflamable, además de soportar las
emanaciones tóxicas, los metales pesados, las dioxinas cancerígenas y los
lixiviados de los rellenos de basura, viven en condiciones precarias, incluso
extremas. Algunas casillas se levantaron sobre ciénagas contaminadas.
Para el afuera, las noches de Dock Sud son muy similares a
las de la noche del 28 de junio de hace 30 años atrás. La gente deambula por
sus calles, los bomberos se cambian la guardia y desde el polo Petroquímico las
nubes del cielo se entremezclan con los vapores que las chimeneas respiran a lo
alto.
Para el adentro, una cosa si ha cambiado desde esa noche que
duró once días, su gente, sus bomberos y sus comerciantes no tienen dudas, Dock
Sud ya no es como antes desde aquella explosión. Aquí, la vida y la muerte se
separan por un chispazo, y el miedo juega un rol importante.
Por Javier Rios