Guía para perfeccionar el arte de la entrevista periodística
jueves, 17 de septiembre de 2015
martes, 1 de septiembre de 2015
Para meditar
Un diario español ofrece Normas de
Redacción en tiempos de cólera
En momentos en que se debate entre periodistas "profesionales" y "militantes", y se encienden pasiones que, en algunos casos, son irreconciliables, sería apropiado leer las normativas internas del diario digital EL ESPAÑOL, para entender cómo deberían proceder todos los que buscan ejercer el periodismo honestamente
I. RELACIONES CON LAS FUENTES
1. Los periodistas de EL ESPAÑOL tienen el derecho y el deber de no revelar sus fuentes de información. No difundirán informaciones que hayan aceptado recibir bajo el compromiso del ‘off the record’ siempre que se mantengan las circunstancias del acuerdo.
2. Los periodistas de EL ESPAÑOL deben precisar siempre si los datos que publican proceden de su propia observación, de documentos o de terceras personas. En este último caso, si la información proviene de una única persona no deben emplear el plural ‘fuentes’ y concretar, como mínimo, de qué ámbito procede (‘fuente sindical’ o ‘fuentes diplomáticas’ o ‘fuentes próximas a’). Evitarán fórmulas vacías de contenido como ‘fuentes competentes’ o ‘fuentes bien informadas’.
3. Cuanto menos identificada o cuanto más imprecisa sea la fuente, mayor será la obligación de verificación. Si se publica la información proporcionada por un anónim, deberá constar esa característica de la fuente, indicando cuál es el motivo (temor a represalias, desconocimiento de su identidad por proceder del Buzón de Denuncias, compromiso de confidencialidad por razón de la materia o del lugar de trabajo de la fuente, etc).
5. Cuando sea imprescindible cambiar el nombre de alguna persona (agentes de los servicios secretos, menores, víctimas de delitos sexuales o malos tratos) esa modificación será advertida a los lectores.
6. Los periodistas de EL ESPAÑOL procurarán que la relación con sus fuentes no comprometa su integridad e imparcialidad. No aceptarán regalos, viajes o tratos de favor, como regla general. La aceptación de invitaciones relacionadas con la crítica gastronómica y cultural o con la cobertura de informaciones ha de estar justificada por su interés periodístico y debe ser autorizada por los responsables de la Redacción.
II. EMPLEO DE CITAS
7. Cada palabra o expresión entrecomillada por los periodistas de EL ESPAÑOL debe responder con fidelidad a lo transmitido por el emisor. La edición de un testimonio nunca debe alterar el sentido y la intencionalidad del emisor.
8. Los periodistas de EL ESPAÑOL no plagiarán ni reproducirán parcialmente textos de otro autor, ni en su literalidad ni en su estructura o argumentación, sin atribuírselos de forma expresa.
9. Cuando incluyan en sus textos informaciones extraídas de otros medios deberán atribuírselas, incluso si se trata de algún dato aislado. No será preciso hacerlo si EL ESPAÑOL corrobora la noticia con sus propias fuentes. Por razones de equidad y cortesía, la mención al medio y a su autor será imprescindible cuando se trate de una exclusiva, si es posible incluyendo el enlace.
10. Los periodistas de EL ESPAÑOL no publicarán nunca rumores no verificados, sin que su atribución a otro medio sirva de excusa para ello.
III. OBTENCIÓN Y TRATAMIENTO DE LA INFORMACIÓN
11. Los periodistas de EL ESPAÑOL tienen que buscar y difundir honestamente todos los ángulos posibles de los hechos, situándolos en su contexto adecuado y sin omitir aspectos esenciales, en especial si el asunto es controvertido. Esta tarea será inexcusable cuando se trate de investigaciones policiales o judiciales.
12. Ninguna persona, física o jurídica, puede verse sorprendida por la aparición de una noticia originada en la redacción de EL ESPAÑOL en la que resulte cuestionada, descalificada o perjudicada sin haber tenido previamente la posibilidad de dar su versión y que ésta sea difundida, si el afectado lo desea. Cuando no se le haya podido localizar o no haya querido responder, se harán constar estas circunstancias. Si la noticia tiene como base un documento oficial u otra fuente externa se tratará de recoger la versión del afectado lo antes posible sin que ello retrase la publicación.
13. Los periodistas de El ESPAÑOL no utilizarán métodos ilegales para obtener información. Sólo en casos de importancia excepcional, y siempre que no sea posible obtener la información por ninguna otra vía, podrán utilizar personalidades fingidas o realizar grabaciones subrepticias. La regla general es advertir al interlocutor de que sus palabras y/o imagen van a ser grabadas; la alteración de esta norma deberá ser autorizada por los responsables de la Redacción.
14. Si la información tiene una base documental, los periodistas de EL ESPAÑOL deben hacer todo lo posible para garantizar su autenticidad. No harán nunca una selección sesgada o intencionalmente dirigida a favorecer una determinada tesis, a partir de esos documentos.
15. Los periodistas de EL ESPAÑOL respetarán los derechos fundamentales al honor, la intimidad, la propia imagen y la presunción de inocencia. Se atendrán así a los límites a las libertades de expresión e información de acuerdo con la Constitución española, incluida la protección de
la juventud y la infancia.
16. Las fotografías e imágenes de video que representen la realidad deben ser genuinas y sin distorsiones más allá de un correcto tratamiento técnico para lograr una difusión de calidad y de la capacidad periodística de poner el énfasis en uno u otro aspecto de la información.
17. Los periodistas de EL ESPAÑOL evitarán la difusión de expresiones e imágenes hirientes o despectivas sobre religiones, etnias o grupos sociales determinados, salvo que resulte imprescindible desde el punto de vista del interés informativo.
18. La información y la opinión estarán diferenciadas con nitidez. Las informaciones no contendrán juicios de valor del periodista.
IV. COMPROBACIÓN DE LOS DATOS
19. Los periodistas de EL ESPAÑOL comprobarán la veracidad de los datos que incluyan en sus informaciones con independencia de la existencia de otros controles en la Redacción. Las prisas no deben ser excusa para incluir datos no verificados. Si urge entregar una información y hay aspectos no comprobados deberá advertirse a los responsables de la Redacción. Al menos una segunda persona supervisará siempre cada historia o información.
20. Los datos dudosos o de singular complejidad o trascendencia deben ser verificados por, al menos, dos fuentes independientes entre sí. El hecho de que la información provenga de una fuente oficial, de una institución o esté apoyada en un documento no eximirá al periodista de comprobar los aspectos que puedan resultar más conflictivos.
21. Los periodistas de EL ESPAÑOL deberán asegurarse de que sus informaciones no contengan injurias ni calumnias.
V. RECTIFICACIONES
22. EL ESPAÑOL corregirá con inmediatez los errores de hecho, sin necesidad de esperar a recibir una queja.
23. Las rectificaciones procedentes de personas o instituciones aludidas serán publicadas en lo referente a los datos fácticos, pero no cuando tengan que ver con juicios de valor, interpretaciones u opiniones.
VI. CONFLICTOS DE INTERÉS
24. Los periodistas de EL ESPAÑOL evitarán los conflictos de interés entre sus actuaciones privadas (inversiones bursátiles, militancia activa en partidos, relaciones familiares) y su labor profesional. Cuando exista el menor riesgo de ello advertirán a los responsables de la redacción y serán sustituidos por otro compañero.
25. Los periodistas de EL ESPAÑOL no utilizarán la información que obtengan en el ejercicio de su profesión en beneficio personal o en el de sus familiares.
26. Ningún periodista de El Español podrá trabajar, de forma remunerada o no, para gabinetes de imagen o de comunicación, empresas de relaciones públicas o agencias de publicidad.
lunes, 22 de junio de 2015
Sugerencias
Hacia una metodología adecuada a la
hora de redactar una noticia
El periodista puede definir como
estructura, la información sobre una gama de elección para ubicar los distintos
elementos que la componen y, en consecuencia, no existe una única forma de
correcta de presentación.
De hecho pueden existir tantas
variantes como periodistas se aboquen a un tema, pero necesariamente debe
cumplirse el requisito de respetar algunos parámetros si el propósito es
facilitar la información al lector.
En ese, vamos a ofrecerles en este
apunte, un método de orientación que permita al estudiante, al periodista que
se inicia en la profesión, a familiarizarse con la asignación de distintos
valores a los datos que componen una información.
En todas las informaciones
periodísticas se debe identificar un
elemento central, al cual vamos a denominar eje o núcleo noticioso, alrededor del cual giran, el resto
de las estructuras de una nota; es decir, son las estructuras complementarias, que proporcionan contenido al
núcleo y tienden a esclarecer el tema del cual tratamos.
Veamos un
ejemplo:
Supongamos que se elige publicar la
noticia del procesamiento de un juez, por un caso de corrupción. Se determina que el anuncio del procesamiento
es el eje de la noticia, tal cual se explicó.
Los elementos complementarios podrán
ser, entonces:
·
Los datos del juez
·
El juzgado al que pertenece
·
El área en que desempeña su función
·
Quién determinó su procesamiento
·
Cuál fue el motivo desencadenante
Hasta allí , tendríamos la información
más relevante. Pero si nos solicitara
nuestro jefe de Sección o el Secretario de Redacción, más información y
abundancia de detalles en virtud de la trascendencia, sería necesario recurrir
a más elementos.
Por ejemplo:
·
En qué casos destacados actuó el juez.
·
Qué otros antecedentes existen de juzgamiento de jueces
·
Si existieran, como resultaron
·
Los respaldos políticos con que cuenta el juez
·
Los enemigos políticos con que cuenta el juez
En definitiva, lo que tenemos es un
núcleo noticioso y elementos accesorios, que lógicamente no se encuentran todos
en el mismo nivel. Todos los elementos no tienen la misma importancia.
Y lo vamos a estructurar de la
siguiente forma:
Eje o
núcleo
Procesamiento de un juez por casos de
Corrupción
Nivel
Accesorio 1
Detalle del caso de corrupción –
Motivo que desencadena el procesamiento
Nivel
Accesorio 2
Datos del juez – Juzgado al que
pertenece – Área en que desempeña su función.
Nivel
Accesorio 3
Antecedentes del juez (causas en las
que intervino)
Nivel
Accesorio 4
Respaldo políticos con los que cuenta
el juez. Adversarios políticos
Nivel
Accesorio 5
Otros casos de juzgamientos de jueces
– Resultados
El ejemplo es extremadamente sencillo
para ejemplificar la estratificación, de los datos que reunimos y que nos
posibilitarán redactar la nota. En el trabajo cotidiano la tarea lleva una
mayor complejidad. La mejor forma de superar ese tipo de escollos radica en la
práctica.
Comprender el significado de la
estratificación implica aprovechar en un artículo la información relevante, y
poder excluir la data que sea desechable. La regla práctica consistiría en
preguntarse en qué medida un dato determinado resulta imprescindible para la comprensión
del tema tratado.
miércoles, 27 de mayo de 2015
Seminario de Periodismo Político
Docente:
Mario Wainfeld
Introducción:
El relato de la política en la era de “los relatos”: cómo contar la política
del palacio y de la calle siguiendo una agenda propia. Estrategias y lenguajes
para narrar la política en la nota diaria, en un post y un análisis de fondo.
Si en el periodismo las fuentes son vitales, en el periodismo político las
fuentes son todo: cómo ganar su confianza. A partir del análisis del periodismo
político contemporáneo (del retorno de la democracia al kirchnerismo) durante
dos meses se pondrán en discusión el estado actual de la cobertura de temas
políticos en los medios de comunicación y se buscará que los participantes
incorporen herramientas para mejorar la lectura de la coyuntura político y su
posterior escritura.
Duración:
8 clases de dos horas. Martes de 19
a 21 hs. Comienza el martes 16 de junio.
Destinatarios:
El taller está dirigido a periodistas y estudiantes de periodismo pero también
a profesionales y estudiantes de ciencias sociales y aquellos interesados en
analizar a fondo el trabajo de un periodista político.
Inscripción
e informes:
Mail: talleresanfibia@gmail.com
Tel: (011) 4342-4493
PROGRAMA
PRIMER
ENCUENTRO: INTRODUCCIÓN
Ejes
temáticos:
-
Presentación. Recorrido profesional: de la abogacía y la escritura
militante al periodismo.
-
Para qué sirve (si sirve) haber “hecho política” o “saber de
política”
-
Distintos gobiernos, distintos modos de relación con medios y
periodismo: alfonsinismo, menemismo, la Alianza , la crisis, el kirchnerismo.
-
Las mudanzas del periodismo político. Diarios, blogs, twitter.
Televisión: la política en el living de casa.
SEGUNDO
ENCUENTRO: EL PALACIO (La Rosada ,
el Congreso, Tribunales)
Ejes
temáticos:
-
Construir fuentes
-
La fuente confiable y el periodista confiable
-
El off the récord en los manuales de estilo y en el uso cotidiano.
El “off-off”
-
Los voceros
-
Las intrigas palaciegas
-
-Operaciones, conspiraciones, usos mutuos. Cómo procurar confiabilidad
de la información.
TERCER
ENCUENTRO: LA CALLE
Ejes
temáticos:
La
calle también existe: desafío al periodismo de Palacio
-
Las fuentes de la militancia y organizaciones sociales
-
Territorios en disputa: cobertura de conflictividad social
-
Cómo contar las marchas y movilizaciones. La crónica. Ver para
contar
-
El periodismo cívico (relación entre las redes sociales y los
medios)
CUARTO
ENCUENTRO: LA NOTA DIARIA ,
EL POST Y EL ANÁLISIS
Ejes
temáticos:
-
Del periodismo cotidiano al análisis dominical
-
El lenguaje de la política: la nota diaria, el post y el análisis
-
Agendas propias, agendas hegemónicas -Periodismo de anticipación y
periodismo contrafáctico.
QUINTO
ENCUENTRO: CRISIS DE LOS PARTIDOS, la “antipolítica”
Ejes
temáticos:
-
“Son todos chorros”: escribir de política en la era de la
antipolítica
-
“La gente”, “el pueblo” y la opinión pública
-
Los protagonistas son “ellos”. Cómo intentar describir sin
despreciar ni subordinarse.
SEXTO
ENCUENTRO: CAMPAÑAS Y ELECCIONES
Ejes
temáticos:
-
Cobertura de campañas.
-
Las encuestas, un mal necesario. Los consultores, estrellas
mediáticas. Las bocas de urna, todo un detalle.
-
Quiénes ganan y quiénes pierden los domingos electorales.
SÉPTIMO
ENCUENTRO: LUGARES COMUNES
Ejes
temáticos:
-
Cómo huir de los clichés y las simplificaciones. Estudiar,
aprender, no simplificar. Las fuentes secundarias, la Academia , lo que saben
los protagonistas
OCTAVO
ENCUENTRO:
Conclusiones
lunes, 18 de mayo de 2015
El origen de algunas palabras de nuestro léxico popular
por Roberto Arlt
Ensalzaré con esmero al benemérito
"fiacún"
Yo, cronista meditabundo y aburrido,
dedicaré todas mis energías a hacer el elogio del "fiacún", a
establecer el origen de la "fiaca", y a dejar determinados de modo
matemático y preciso los alcances del término. Los futuros académicos
argentinos me lo agradecerán, y yo habré tenido el placer de haberme muerto
sabiendo que trescientos setenta y un años después me levantarán una estatua.
No hay porteño, desde la Boca a
Núñez, y desde Núñez a Corrales, que no haya dicho alguna vez:
-¡Hoy estoy con "fiaca".
De ello deducirán seguramente mis asiduos
y entusiastas lectores que la "fiaca" expresa la intención de
"tirarse a muerto", pero ello es un grave error.
Confundir la "fiaca" con el acto de tirarse a muerto es lo mismo que
confundir un asno con una cebra o un burro con un caballo.
Exactamente lo mismo.
Y sin embargo a primera vista parece que
no. Pero es así. Sí, señores, es así. Y lo probaré amplia y rotundamente, de
tal modo que no quedará duda alguna respecto a mis profundos conocimientos de
filología lunfarda.
Y no quedarán, porque esta palabra
es auténticamente genovesa, es decir, una expresión corriente en el dialecto de
la ciudad que tanto detestó el señor Dante Alighieri.
La "fiaca" en el dialecto
genovés expresa esto: "Desgarro físico originado por la falta de
alimentación momentánea". Deseo de no hacer nada. Languidez. Sopor. Ganas
de acostarse en una hamaca paraguaya durante un siglo. Deseos de dormir como
los durmientes de Efeso durante ciento y pico de años.
Sí, todas estas tentaciones son las
que expresa la palabra mencionada. Y algunas más.
Comunicábame un distinguido erudito en estas materias, que los genoveses de la
Boca cuando observaban que un párvulo bostezaba, decían: "Tiene la
"fiaca" encima, tiene". Y de inmediato le recomendaban que
comiera, que se alimentara.
En la actualidad el gremio de
almaceneros está compuesto en su mayoría por comerciantes ibéricos, pero hace
quince y veinte años, la profesión del almacenero en Corrales, la Boca,
Barracas, era desempeñada por italianos y casi todos ellos oriundos de Génova.
En los mercados se observaba el mismo fenómeno. Todos los puesteros,
carniceros, verduleros y otros mercaderes provenían de la "bella
Italia" y sus dependientes eran muchachos argentinos, pero hijos de
italianos. Y el término trascendió. Cruzó la tierra nativa, es decir, la Boca,
y fue desparramándose con los repartos por todos los barrios. Lo mismo sucedió
con la palabra "manyar" que es la derivación de la perfectamente
italiana "mangiar la follia", o sea "darse cuenta".
Curioso es el fenómeno, pero
auténtico. Tan auténtico que más tarde prosperó este otro término que vale un
Perú, y es el siguiente: "Hacer el rostro".
¿A qué no se imaginan ustedes lo que quiere decir "hacer el
rostro"? Pues hacer el rostro, en genovés, expresa preparar la salsa con
que se condimentarán los tallarines. Nuestros ladrones la han adoptado, y la
aplican cuando después de cometer un robo hablan de algo que quedó afuera de la
venta por sus condiciones inmejorables. Eso, lo que no pueden vender o utilizar
momentáneamente, se llama el "rostro", es decir, la salsa, que
equivale a manifestar: lo mejor para después, para cuando haya pasado el
peligro.
Volvamos con esmero al benemérito "fiacún".
Establecido el valor del término,
pasaremos a estudiar el sujeto a quien se aplica. Ustedes recordarán haber
visto, y sobre todo cuando eran muchachos, a esos robustos ganapanes de quince
años, de dos metros de altura, cara colorada como una manzana reineta,
pantalones que dejaban descubierta una media tricolor, y medio zonzos y brutos.
Esos muchachos era los que en todo juego
intervenían para amargar la fiesta, hasta que un "chico", algún pibe
bravo, los sopapeaba de lo lindo eliminándolos de la función. Bueno, estos
grandotes que no hacían nada, que siempre cruzaban la calle mordiendo un pan y
con gesto huído, estos "largos" que se pasaban la mañana sentados en
una esquina o en el umbral del despacho de bebidas de un almacén, fueron los
primitivos "fiacunes". A ellos se aplicó con singular acierto el
término.
Pero la fuerza de la costumbre lo
hizo correr, y en pocos años el "fiacún" dejó de ser el muchacho
grandote que termina por trabajar de carrero, para entrar como calificativo de
la situación de todo individuo que se siente con pereza.
Y, hoy, el "fiacún" es el
hombre que momentáneamente no tiene ganas de trabajar. La palabra no encuadra
una actitud definitiva como la de "squenún", sino que tiene una
proyección transitoria, y relacionada con este otro acto. En toda oficina
pública y privada, donde hay gente respetuosa de nuestro idioma y un empleado
ve que su compañero bosteza, inmediatamente le pregunta:
-¿Estás con
"fiaca"?
Aclaración. No debe confundirse este término con el de
"tirarse a muerto", pues tirarse a muerto supone premeditación de no
hacer algo, mientras que la "fiaca" excluye toda premeditación,
elemento constituyente de la alevosía según los juristas. De modo que el
"fiacún" al negarse a trabajar no obra con premeditación, sino
instintivamente, lo cual lo hace digno de todo respeto.
Roberto Arlt, de
"Aguafuertes porteñas", Edit. Victoria, Buenos Aires, 1933.
Para leer más
aguafuertes: http://biblio3.url.edu.gt/Libros/roberto/aguafuertes.pdf
jueves, 30 de abril de 2015
Cine y periodismo
Orson Welles brindó una
cátedra de talento con “El ciudadano Kane”
La ópera prima del director
de filmes como “Macbeth” y "El Tercer Hombre", encabezó la lista histórica del cine que tuvo por objeto de tratamiento, al periodismo. Un film intrigante en el que el reportero Jerry Thompson
(William Alland) investiga el significado de la palabra 'Rosebud', la última
que pronunció el gran magnate de la prensa Charles Foster Kane (interpretado
por el propio director) segundos antes de morir.
Un juego de entrevistas,
claroscuros y 'flashbacks' que recogen la trayectoria personal y profesional
del titán del periodismo y que sumergen al espectador en la decadente vida
de Kane. Se la considera una obra maestra, entre otras cosas, por la ruptura de
la linealidad en la narración y por el excepcional uso del montaje.
Compartimos con Ustedes el
link de la película “El ciudadano Kane”, para que puedan disfrutarla.
miércoles, 15 de abril de 2015
Las doradas naranjas del sol
Por HERNÁN LASCANO
Mi hermano quería ir a un bodegón infecto contagioso de Once donde hacían un ossobuco a la parrilla mortal. Pasamos frente a Cromañón y me contó que nunca más había agarrado con el auto por Bartolomé Mitre porque le daba tristeza. Después de decir eso se quedó pensativo un momento y me contó algo sobre un pibe que murió ahí.

Mi hermano quería ir a un bodegón infecto contagioso de Once donde hacían un ossobuco a la parrilla mortal. Pasamos frente a Cromañón y me contó que nunca más había agarrado con el auto por Bartolomé Mitre porque le daba tristeza. Después de decir eso se quedó pensativo un momento y me contó algo sobre un pibe que murió ahí.
Pasó en el velorio del pibe. Una chica muy joven que no se hacía notar demasiado lloraba sin parar y sin despegarse del cajón. Una mujer se le arrimó y le dijo: “Se ve que lo querías mucho, ¿de dónde lo conocías?”. La chica le contestó: “Estábamos de novios hace seis meses”. La mujer le dijo: “Ah. Yo hace dos años que soy la esposa”.
Mi hermano me dice entonces que la que había escuchado esto fue Mariana, la hermana de Tato. “Te acordás de Tato, el chabón que rajaron del banco porque afanó para levantar una deuda en el casino. Bueno. Mariana estaba sentada y oyó todo de callada. Ella llevaba un año saliendo con el pibe muerto”.
García Márquez decía en algún lado que cuando un escritor profesional lee un texto acertado no piensa casi nunca en lo que el texto dice sino en el modo en que está construido, así como los relojeros de oficio raramente admiran la belleza de un reloj, sino que se interesan en el mecanismo que los hace funcionar.
Escuchando la historia del pibe de Cromañón yo pensaba en el don del relato. Mi hermano lo tiene. Muchos periodistas no. Se quedan chapoteando bajo las fórmulas usuales que permiten narrar cualquier cosa por perecedera que sea. Cuando mi hermano me contaba su historia yo sentía que iba escuchando la radio, me acordaba de Guerrero Marthineitz entrevistando a Cortázar en El show del minuto, o Pettinato veinteañero hablando de un disco de Allman Brothers en Continental en 1980, o de Bazán reseñando dos horas la historia del asesinato de Jorge Salomón Sauan en Rosario, antes de que se escribieran libros sobre ese caso. En esas situaciones bajo la voz del hablante el mundo exterior quedaba borroneado y uno empapado del aguardiente del relato, de esa mota de vida plena que brota cuando las palabras lo pasan a uno por arriba.
Qué buen periodista habría sido mi hermano. Cualquier historia que cuenta atrapa hasta el fin. Sólo le interesa el corazón del queso: va al grano, no usa transiciones, rechaza los desvíos, los adjetivos le importan un carajo. Pronuncia frases cortas y potentes como las de los cuentos primerizos de Hemingway. Estudió mecánica de autos en el colegio, hace veinte años que trabaja en un banco y no leyó un libro en su vida. Pero escribe cuando habla y si habla es porque vale la pena.
En un cuento que se llama El invicto Hemingway relata la vicisitud de un torero viejo que tiene necesidad de una corrida porque precisa el dinero. Con una economía narrativa obstinada, como si de utilizar pocas palabras dependiera su vida, Hemingway deja saber un montón sobre ese hombre al borde de la vejez que nunca ha sido vencido pero al que ya ningún empresario le da crédito porque está lento y alejado de su mejor fama. Como lectores tampoco nos fiamos de él porque cualquier texto corto precisa de novedad lo que nos hace intuir a cada instante que a Manuel, como se llama el protagonista, por primera vez no le irá bien. Con oraciones de no más de ocho vocablos, rehusando la cobardía de adornar nada, recurriendo a diálogos para dar sustancia a lo que pasa el relato se construye de una sola forma: acción pura en base a verbo, verbo, verbo. Que lo acepten a Manuel para torear depende de la decisión de un picador, que son los que le clavan la espada al toro. Y este picador es un tipo maduro que lo quiere bien al torero y no tiene ningún deseo de que salga con la muleta roja a la plaza para ponerla, con reflejos desvaídos, delante de una bestia de una tonelada.
Lo que pasa en el cuento es a cada renglón desesperante. La sangre, la muerte pero sobre todo la desdichada soledad de ese hombre son una laceración inminente línea a línea. Y si eso pasa es porque el narrador tiene una destreza endemoniada que con su parquedad nos coloca en estado de accidente. No se parece a Hemingway pero así narra mi hermano, que cada vez que capta mi interés al contar algo, justamente por descartar lo prescindible me tiene agarrado de los huevos.
Todo sugerido, nada digerido. Hemingway retiene al lector con lo ocurrido al torero hasta el remate del cuento. Mi hermano hace deducir sin decírmelo nunca que el muerto de Cromañon estaba con tres mujeres. Nunca es él quien lo dice. En su relato son ellas las que lo hacen.
Cuando uno está seguro de que tiene algo que contar y desecha lo prescindible es invencible. Pero hay formas que son condición de que la historia se instale en nuestras almas que residen en el habla. Esta que quería contar empezó con una frase que leída no tiene sentido en comparación con escucharla.
Una noche de cierre llaman a la Redacción para hablar con Policiales. Alguien estaba abajo en la Recepción y decía que no tenía apuro, dormiría ahí hasta que lo atendieran. Al bajar encontré a un hombre macizo y alto, robusto como un armario, que movía la cabeza a los dos lados como el radar de un tanque de guerra.
El tipo preguntó si yo era de Policiales y contesté que sí. Me escudriñó como si fuera un renacuajo, tomándose un momento para elegir las palabras, hasta que dijo. “Tengo ganas de cagar a trompadas a un periodista”.
Nadie aprecia que le peguen, pero a veces algo antipático puede volverse simpático. A mí me gustó el “tengo ganas”.
Se llamaba Kulczak. Había sido depostador de reses en el Frigorífico Swift y después transportista. Tenía unos 60 años. Era descendiente de polacos. En los últimos quince meses había conocido todas las formas de agitación. En ese lapso mataron a su hijo de un tiro a quemarropa, vivió aturdido por la pérdida del joven con el que trabajaba todos los días y en medio de su duelo buscó al asesino en tres provincias. Hasta que lo encontró.
Debido a un cruel malentendido, a pocos días de la muerte de su hijo Mauricio, que tenía 19 años, a Kulczak lo echaron de la empresa donde trabajaba. Ocurrió que la policía, al reportar el incidente por la oficina de prensa, divulgó que su hijo era un ex convicto de Coronda. Fue un error involuntario: quien había salido de la cárcel siete meses antes era el agresor y no el agredido. Pero la confusión fue publicada en diarios locales y nacionales.
Kulczak les explicó a los dueños de la empresa que eso era un fallido y suplicó por su continuidad. “Lo sentimos, tantos medios no pueden equivocarse. Usted nos ocultó que su hijo estuvo preso”, le contestó un gerente.
“Perdí a mi hijo, ustedes dijeron que fue un delincuente y nunca más conseguí trabajo”, me dijo Kulczak.
Me hubiera gustado que blasfemara, que me encajara la piña anunciada. Pero no hizo nada. Le pedí de tomar un café. Me dijo que no podía porque su mujer estaba enferma pero me invitó a ir a la casa cuando tuviera tiempo.
Fui al día siguiente. La casa era Villa Gobernador Gálvez, en la calle Paraná. A tres cuadras de ahí un día de julio de 2004 varios jóvenes hacían las preliminares de la salida de un sábado. Una amiga de Mauricio Kulczak oyó una explosión que le hizo acordar el ruido de un aerosol arrojado al fuego. Enseguida lo vio venir tambaleándose, blanco como un plato y con la mano en la panza.
“Me disparó Macoco”, sollozó Mauricio. “No era para hacerme esto”.

Cinco minutos antes Hugo Vivas, el tal Macoco, había llegado al lugar donde cinco amigos tomaban cerveza. “Viste cómo te encuentro”, le dijo a Mauricio. Sacó una pistola oscura y desde dos brazos de distancia le disparó. Montó en el ciclomotor del herido, miró al resto del grupo y advirtió: “No se mueve nadie”. Le obedecieron. Todos lo conocían.
Mauricio se había encontrado varias veces con una chica que había sido novia de Macoco antes de que cayera preso en Coronda. Fue todo lo que asomó como móvil del homicidio.
Demasiada gente había visto esa ejecución frontal, a un metro de distancia y sin preámbulos. A los testigos eso les implicó una pesadilla. Todos terminaron esfumándose del barrio por un tiempo o mudándose.
A Kulczak ya no había nada que le infundiera miedo. Lo que escuchó del comisario y de la jueza del caso le parecieron estupideces de compromiso. Decidió averiguar él dónde había ido Macoco Vivas.
No era investigador. Pero empleó un sentido común parido en la lucidez de mil insomnios. Lo primero que quiso saber era dónde había ido a parar la Zanella 70 de su hijo. Los vecinos le dijeron que se la había llevado una pick up de una firma que rectificaba motores.
Supo que esa chata había llegado a una hormigonera de La Tablada. Preguntó si conocían a Macoco Vivas. Le dijeron que había trabajado ahí y que ahora estaba en un corralón de José C. Paz en el conurbano bonaerense.
Enlazó cada rastro previo con el próximo como buscando un tesoro. Llegó hasta San Luis. Allí se enteró que su trabajo era temporario y que en receso Macoco volvía a Rosario. Paraba en la calle San Juan a donde lo llamaban cuando se reanudaban los jornales.
Kulczak se volvió con la dirección y no más llegar se acomodó en la entrada de un garaje a esperarlo. El sereno le preguntó qué hacía. “Necesito ver a alguien. Me puede llevar varios días. No le voy a hacerle problemas”, le dijo.
Una noche advirtió a Macoco entrando a un pasillo. Controló su ansiedad. Dedujo que en algún momento tenía que salir. Kulczak llamó a sus dos hijos mayores. No tardó en surgir Macoco. Entre los tres lo siguieron y lo achicaron en un baldío.
Bajo los guiños amarillentos de las lámparas de sodio, arrinconado ahí, Macoco no era nadie. Enmudecido, sin ponerle la mano encima, Kulczak lo examinaba. Al fin habló. “Dónde dejaste el ciclomotor de mi hijo”. Macoco contestó que en una casa de Pueblo Esther. Se quedó callado un buen rato más hasta que le indicó a su hijo mayor. “Lo nuestro termina acá. Llamá al Comando”.
Volví dos veces más a lo de Kulczak. Al frente de la casa, parado hacía años, estaba el camión Fiat en el que viajaba con Mauricio. Tomábamos mate sobre el contrapiso de cemento en una mesa con mantel de hule. Después fui al juzgado de sentencia a buscar el expediente. La jueza estaba conmovida con la historia. Ordenó una copia del sumario entero y me lo dejó en la mesa de entradas.
En ese expediente, por si a alguien le interesa, hay una novela por escribirse.
“Esto fue una desgracia de gente de barrio. No quería venganza personal contra este muchacho que me quitó a mi compañero. Justicia nomás buscaba yo. Por eso se lo entregué a los policías”, dijo Kulczak.
Borges decía no creer en ningún Dios pero sí en la existencia de un propósito moral en el universo. A las cosas de su vida agostada Kulczak, a quien no vi sonreír nunca, había necesitado asegurarles un rumbo. Por eso se fue atrás de Macoco. En su orden no cabía otra cosa más que volverlo visible por lo que había hecho mal. Nada más eso.
Algo que puede resbalar como un detalle, y ninguna moraleja, me interesa de este asunto. Eso que leído no tiene la menor potencia en contraste con ser escuchado. No dudo que a esa frase la oreja biónica de mi hermano la habría captado como lo esencial.
En cierto momento Kulczak contó que lo había sentado a Mauricio, su hijo, frente al volante del camión a los 13 años. Y que lo había hecho en un lugar de una belleza insuperable que, a menudo, suele ser un lugar transfigurado por la añoranza.
“Le enseñé a manejar a mi compañero en la ruta 95, en el norte de Corrientes, cerca de Ituzaingó. No pasaba nadie por ahí, era una recta larga llena de naranjos a los dos lados. Al atardecer el sol se pone en medio de la ruta y pega una luz hermosa que hace brillar las naranjas en las ramas. Nos gustaba ese paisaje”.
En la melancolía del cansado toro polaco llegaba un poema de Yeats que hace años me dio Chies, un jefe en La Capital. “…Y recoge hasta que el tiempo y los tiempos acaben las plateadas manzanas de la luna, las doradas manzanas del sol…”
Ni por el pibe muerto, ni por quien lo mató, ni por la investigación, ni por la condena. Es por el paraíso fugitivo de Kulczak, por sus doradas naranjas del sol, que pienso en su historia todos los días. Tengo que ir allá alguna vez. Voy a ir.
La presente nota fue extraída del siguiente blog: http://cincolucasenelcabarute.blogspot.com.ar/2015/02/las-doradas-naranjas-del-sol.html
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